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Una vez, un señor dejó a sus hijos y se fue a una
fiesta. Entre ellos habían tres muchachas: una de catorce años,
una de quince y otra de dieciséis, y dos muchachos de dieciocho y
veinte años. Se les ocurrió hacer una fiesta como si estuvieran
con el papá.
Para eso tomaron una jícara grande y la embrocaron
dentro del agua contenida en una tina e hicieron lo mismo con el lec
(calabazo para tortillas) y los empezaron a tocar como si fueran
timbales y sonaban muy agradables. Agarraron hojas e hicieron la
música con ellas. Estaban gritando, riendo, bailando, y así les
llegó la noche.
Eran como las diez de la noche, cuando un señor
que había ido a espiar venado en una milpa, allá por el monte, escuchó
que se estaba acercado algo, movió las hojas. "Es el venado el
que viene", pensó. Mientras estaba atento, sentado en su sitio,
escuchó otra vez el ruido y llegó exactamente en la dirección del
cazador. Te'elo', habló el ídolo y en ese momento dejó caer su manto
(una especie de capa) y siguió su camino Nadie ha comentado en este artículo. |