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Voy a narrarles lo que se cuenta de
Hapai Kan, como me lo contó mi madre la noche aquella en la
que se tendía la bella luna en el cielo. Mi madre me dijo:
“acerca a mi tu sillita porque voy a contarte de Hapai Kan”.
No muy lejos de las viejas paredes de
Uxmal, hubo una caverna con aguas cenogosas. Allí vivía
una serpiente con alas. Su nombre era Hapai Kan.
Antes habitó no muy lejos del
pueblo de Izamal, pero tuvo que salir de su antigua morada porque la
ciénega donde vivía se secó. También
porque se acabaron los niños que comía. En todo el año
se tragaba cuarenta y un pequeños. Los chupaba, los sorbía.
Año tras año vuela por el
cielo y vuela boca arriba. El guardián que la cuida lleva por
nombre H-Wayá'as. Ese H-Wayá'as es un Báalbá'al,
de sucios y repugnantes pelos largos que le cuelgan por todas partes.
Él cuida de Hapai Kan dentro de la caverna. Él
alimenta a la serpiente, le busca a los pequeños que ha de
sorber y tragarse. Porque Hapai Kan puede, con el calor de su boca,
atraer hacia sí un niño, aunque esté tan lejos
como la distancia de cuatro walache'es.
La caverna donde vive es de enredo de
laberintos impenetrables. Cualquiera puede perderse allá. Da
miedo. No dejan que los niños pasen cerca de ella.
Una vez al año, sale a correr
por las cuatro direcciones del cielo: Va al norte, al sur, al
poniente y al oriente.
A los cinco días de vuelo,
regresa. Cuando sale, el Báalbá'al H-Wayá'as la
voltea boca arriba; y vuelve boca abajo cuando entre en su caverna.
Mientras vuela sobre el mundo, esparce
una sarna o pelusa maligna parecida al tamo del maíz. La
expande por los cuatro puntos cardinales. Con eso deja putrefactos
todos los lugares de las aguas y de los sembrados. Eso, enferma la
barriga de todos los hombres y hasta la de los animales. Hay lugares
donde los árboles mata y hasta llega a matar a los hombres.
Hacia el mes de agosto, sale y empieza
a volar por las cuatro distancias del cielo.
Cuando se acerque el día en que
Yum K'u juzgue a los hombres y se acabe el mundo, durante siete años
no nacerá ningún niño. En ese tiempo Hapai Kan
va a enflaquecer mucho.
Se dice que en Uxmal hay una caja de
piedra donde está encerrada una soga mucho muy larga. Esa
soga tiene vida. Un día la oyeron moverse dentro de la caja
de piedra. La abrieron y vieron la soga enrrollada allá
dentro. Eso es lo que se mueve, dijeron. La sacaron, la observaron
y vieron que su largo no tenía fin. La volvieron a enrollar y
la regresaron dentro de la caja de piedra, pero ya no cupo toda.
Tuvieron que cortarla y le salió sangre. Hicieron otra caja
de piedra y la guardaron; allá se encuentra. Hasta ahora
nadia ha llegado a donde está encerrada. Saldrá otra
vez cuando se acerque el fin del mundo; será el día en
que Yum K'u juzgue a todos los caciques y a todos los dirigentes del
pueblo.
Dicen que un hombre vino a sacar la
soga para verla y estudiarla con atención. Quería
saber para que servía. Comenzó a escarbar todo el día.
Estuvo escarbando donde se decía que estaba la soga. Cuando
volvió a continuar su trabajo, el lugar estaba rellenado otra
vez de tierra, como i nadie hubiera escarbado.
La soga saldrá el día en
que Yum K'u juzgue al mundo. Como premoniciń de que ese día
se acerca, durante siete años no nacerá niño
alguno, se secarán los pozos. En medio de la plaza de Uxmal
saldrá una anciana para vender agua. La venderá en la
cascarita de un cocoyol, y esa medida costará lo mismo que
cuesta mantener a un niño durante todo el día. El agua
saldrá del ombligo de la anciana.
Hapai Kan saldrá de la caverna
cenagosa para ir boca arriba por abajo de la soga.
Por la soga irán bailando los
caciques y los dirigentes del pueblo. Si fueron justos, si actuaron
como es debido, llegarán a la felícísima y
hermosa ciudad de T-Ho'. Pero si se apartaron del buen juicio, si
pisotearon a sus semejantes, resbalarán de la soga para caer
en la boca de Hapai Kan. Los sorberá con sus fauces y no irán
a gozar de las bellezas del gran pueblo de T-Ho'.
En el calor de la boca de Hapai Kan
terminarán todos los hombres sanguinarios: los hombres que
tenían por oficio mostrar el buen camino y señalarlo,
pero sólo lo señalaron y munca lo siguieron; los que le
dieron la espalda a las ordenanzas y a las leyes; los reyes tiranos;
los caciques; los dirigentes. Panzón quedará Hapai Kan
con tantos grandes batabes, dirigentes y perversos señores,
que decían “no matar”, “no robar”, miemtras mataban y
robaban.
Cuando yo pasé allá, los
que robaron pavos estaban todo el año en el h-k'alabche'. Los
grandes del pueblo, los poderosos, ladrones de miles y miles, sueltos
andaban. Hapai Kan con la boca abierta los espera. Mientras tanto,
por todo esto nosotros no tenemos esperanzas.
Así terminó mi madre este
relato.
Fuente: Domingo Dzul Poot Nadie ha comentado en este artículo. |