Así lo consideran organismos oficiales como La Casa
de las Artesanías de Yucatán y civiles como la asociación Tumben Kinam,
quienes iniciaron hace 10 años la renovación de los diseños y puntadas
del bordado, el mejoramiento de su calidad a través de talleres y
cooperativas y la sistematización de los procesos de trabajo para
transformarlos en producción comercial.

El resultado es la
aplicación de dibujos tradicionales (motivos de la flora y fauna
regionales) a prendas de uso moderno como camisetas, vestidos, blusas y
accesorios como bolsas, portalentes y monederos.
La herencia universal
del bordado, se constituye de 300 puntadas simples y complejas,
anudados, entrelazados, cruzados, tejidos, calados y deshilados.
En
Yucatán, se encontraron testimonios carbonizados de la afición maya por
el adorno de sus prendas, que datan del periodo postclásico tardío
(1300 a 1539 d.C), en el Cenote de Chichen Itzá. Los diseños
geométricos bordados a mano con hilos de algodón y sobre deshilados
(puntada xmaniké o xmanikbe´en) que practicaban los indígenas mayas se
enriquecieron con el contacto español y sus diversas puntadas de cruz.
Puntadas
prehispánicas casi extintas como la de huella de gato y la de hoja de
árbol subín, vuelven a usarse en los talleres promovidos por la Casa de
las Artesanías del estado y la asociación Tumben Kinam. Sin adentrarse
todavía en la innovación de nuevas puntadas, ya con máquina eléctrica,
de pedal o a mano, la producción de bordados en Yucatán utiliza
predominantemente las costuras en punto de sombra, punto de tambor,
cadeneta o punto pasado plano.
“Estamos en una primera etapa que
consiste en el mejoramiento de la calidad del producto y la
organización para su comercio. Hemos asistido a muestras en el World
Trade Center y nos requieren material para exportación, pero aún no
estamos listos para aumentar la producción a esos niveles”, dice la
antropóloga Terán.
En Yucatán, el uso de los hipiles (o
huipiles, vestidos que se sobreponen a una faldilla bordada en la
orilla) o el terno (hipil de lujo, de bordado amplio y adornado con
encaje) distingue a las indias de las mestizas y, ventaja del clima
húmedo, se conservan en uso todavía a pesar de la moda. Las 30 puntadas
que se bordan en los vestidos yucatecos, o en estandartes de motivos
religiosos y otros adornos de la región, también distinguen el estatus
social de sus portadores: de punto de cruz para los adinerados, de
máquina para los pobres y hechos a mano para los mestizos muy
tradicionales.
“Para bordar el futuro es necesario transformar
la labor doméstica en comercial, a través de la profesionalización de
la actividad, de realizar un trabajo sobre el producto que diversifique
la oferta, mejore la calidad y aumente la productividad. La renovación
del diseño no excluye el impulso de lo tradicional”. Este es el mensaje
de la exposición Bordando el Futuro que se inaugurará el 13 de
diciembre, a las 19:00 horas, en las salas de la Quinta Margarita del
Museo Nacional de Culturas Populares.
Con un recorrido rápido
por el bordado en el Mundo y en México, la exposición recupera el
camino histórico, cultural, técnico, simbólico y económico del bordado
yucateco y culmina con ejemplos del renovado presente. Montada en
conjunto con el Instituto de Cultura de Yucatán, Bordando el futuro
plantea las potenciales ventajas de promover esta renovación en el
estado ante la necesidad de empleo: “de entre las actividades por las
que optan los habitantes de las comunidades para obtener ingresos
extras sobresale el bordado porque puede realizarse en el hogar, los
productos son imperecederos, se tiene la habilidad por milenaria
tradición y cuentan con demanda regional y turística”.
Motivo de
arraigo y desarrollo de la cultura regional, la tradición del bordado
yucateco acepta el reto de la sobrevivencia. La cita es en Av. Hidalgo
289, Coyoacán, a partir del 13 de diciembre.